Isidro Galicia/ Ágora Politica

El PRD no nació el seis de julio de 1988. Su aparición no fue sorpresiva ni producto de la casualidad. Muchos movimientos sociales, sindicales y políticos nacionales, configuraron la fundación de un partido, que tenía como propósito el cambio de la sociedad mexicana. Una de las motivaciones que dieron vida institucional al Sol Azteca, además de romper con el régimen autoritario del PRI, fue combatir la desigualdad y colocar como bandera de lucha política a la justicia social.

Aquellos años de constitución orgánica, el PRD amalgamó una serie de corrientes ideológicas reclamantes de mayores derechos políticos, apertura en la vida pública y terminar con la rampante exclusión social. también, durante las casi tres décadas como organismo partidista en el país, posibilitó la organización ciudadana a partir de una cambo cultural. El nuevo paradigma de la participación política, rompió con la tradición del centralismo político nacional. De desafiar la verticalidad del poder, que sostenía la gobernabilidad a costa de perseguir opositores incómodos al régimen.

En el pasado, el PRD estuvo llamado para encabezar las verdaderas causas de la sociedad. De abrazar como suyas las demandas populares, defender de la injusticia a los pobres, solidarizarse con los excluidos y marginados. En suma, constituirse como un partido de los ciudadanos. A 29 años de fundación del PRD, en distintos momentos, las inercias sistémicas lo llevaron a sostener negociaciones que han comprometido la línea política. Ello, le ha costado el extravío de sus propósitos iniciales y ha golpeado su identidad. El caso reciente más emblemático la firma del Pacto por México.

Lo que creemos en la ideología de la izquierda, vemos con cierto dejo nostálgico el papel transformador del PRD en el Siglo XX.  Su protagonismo en el sistema político como partido, implicó un revulsivo democrático para México. Hoy a 29 años de vida política del PRD, el cual se cumplirá éste 5 de mayo, es un momento decisivo para colocar en el centro del debate partidista a la sociedad y sus razonamientos.  Uno de sus compromisos con la ciudadanía, es no renunciar a su naturaleza original. De reorientar sus propósitos que beneficien a las mayorías.  Democratizar la vida institucional y gubernamental de México.

Son muchos desafíos de la izquierda. El actual envejecimiento político del sol Azteca, permitirá que corrientes conservadoras y antidemocráticas nuevamente se sitúen en la vida política del país. Llevando al PRD a una condición casi marginal, insustancial en el debate de las ideas. El 2018 es un buen momento de re encausar ese gran proyecto de la izquierda mexicana. Con sus aciertos y sus errores, el PRD será ubicado en la historia contemporánea de México, como el partido que destronó la hegemonía de la dictadura blanda. Aún está a tiempo de la conversión ideológica.