Isidro Galicia/ ÁGORA politica

Michoacán vive una etapa de contradicción ideológica. La frontera de la libertad de expresión, se encuentra fustigada por la maquinaria oficial de la izquierda gobernante. El control de la información no es algo nuevo en un régimen. Es un mecanismo recurrente, que tiene como propósito a la información como un dogma, como la verdad oficial.   El gobierno de Michoacán, no cree en la libertad de expresión, y priva a los ciudadanos de un derecho público de la información.

Desde la asunción del gobierno de izquierda, la política de comunicación se decantó por un periodismo acrítico.  Los medios de comunicación, se empequeñecieron ante las subvenciones comerciales y endosaron su línea editorial. Hoy, Michoacán vive una etapa crítica en materia de la libertad de prensa. Quienes ejecutan la controversial política de comunicación gubernamental, tampoco creen en la libertad de expresión, incluso la ignoran. Las condiciones editoriales se imponen, se redujo el margen para el periodismo crítico y opositor del régimen.

Desde la llegada de las democracias occidentales, la libertad de expresión, se constituyó como un elemento infranqueable para una saludable democracia. Una condición más que necesaria, que permite consolidar los mecanismos de la participación política en los asuntos públicos. Desde la información se construye ciudadanía, se debaten los asuntos de interés de la sociedad y se edifican elementos cognoscitivos, para que los ciudadanos se formen opiniones a partir de la información objetiva.  Aunado a ello, o no menos importante, se consolidan los procesos democratizadores de la vida pública de toda sociedad.

Quienes determinan las políticas de comunicación estatal, desconocen que la información es un valor que debe preservarse y no monopolizarse. Quienes ven en la información crítica una amenaza para los intereses del grupo gobernante, desconoce que toda acción en contra de la libertad de expresión, condiciona el legítimo derecho de la sociedad a la información y socava a la propia democracia. En materia de prensa, Michoacán no está mejor que ayer. Hoy, las condiciones para el ejercicio del periodismo se encuentran condicionadas, so pena de sufrir insinuaciones de censura, o la censura abierta.

La vocación democrática no se adquiere por decreto. Es un principio que se asume a partir de un compromiso con la sociedad. Sin duda, el gran riesgo para las democracias del Siglo XXI es el regreso de gobiernos autoritarios, de gobernantes que asumen la libertad de expresión como un aforismo, sin creer en ella. Michoacán como México, transitan por una severa crisis en materia de la libertad de prensa, y que decir de la seguridad para quienes la ejercen. En Michoacán la contradicción ideológica se acentúa, cuando la libertad de expresión solo se recrea de forma fantasiosa, en las mentes de quienes se asumen demócratas.