Isidro Galicia/ÁGORA POLITICA.

Como en el siglo pasado, donde se colocaban a los jefes políticos y caciques regionales designados por los gobernadores en turno, Michoacán transita por una fase de control político familiar.

Guardando las debidas proporciones, en Michoacán se reconstituyen las viejas prácticas ilegales del silgo XX, como protagonistas de la escena política estatal, los hermanos Silvano Aureoles Conejo, Antonio y José Luis García Conejo con desparpajo se preparan para consolidar su poder regional.

Uno, designado candidato al senado de la República por la Coalición “Por Michoacán al Frente”, Antonio García Conejo y actual presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del estado, otro, como candidato a la presidencia municipal, José Luis García Conejo y el último actual gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles Conejo.

En una especie de triunvirato de sangre y juegos complacientes de poder para el control de los recursos públicos y políticos, los hermanos Conejo retratan su naturaleza de influyentísimo y despotismo político en un periodo de complejidad social.

Políticos educados con el viejo régimen y esquema de abuso de autoridad, los Conejo como tiranos chicos tejen a base del poder y de la institución gubernamental, sus intereses personales que se sobreponen a los propósitos de la población situándola en una condición marginal, particularmente en la región de Huetamo.

Como pequeños señores de la política en Michoacán, los hermanos Conejo acentúan su poder local. Con alcaldes, regidores y diputados locales subordinados a la decisión del poder estatal. Esta nueva fisionomía social en Michoacán, aunque no amerita un caso d estudio como el periodo de la independencia y revolución mexicana, si se connota un signo de autoritarismo político pre moderno.

Con una oposición complaciente y controlada por el poder de los Conejo, las decisiones políticas que se aprueban desde el congreso del estado, es solo una ventanilla de trámite para el mandatario de Michoacán, que como hoy y mañana, pretende la unidad de la política en la entidad para sostener en la opacidad el cúmulo de arbitrariedades administrativas y gubernamentales.

El nuevo paradigma político de Michoacán es poco alentador para la construcción de un andamiaje político con pluralidad y consensos, basados en los intereses de la comunidad y de la sociedad.

Como ayer, los Conejo aspiran a gobernar Michoacán de forma hereditaria. Como una pequeña tribu de poder, Silvano, Antonio y José Luis, edifican una columna vertebral de control de las instituciones desde lo local y con ello garantizar un sistema de perpetuidad política.

El 2018 será coyuntural para los intereses de Silvano Aureoles Conejo y de sus medios hermanos, en espera de consolidar su poder o, en su caso, de iniciar con la redistribución del mismo bajo la observancia de un nuevo régimen y de un probable  presidente de oposición a ellos.