Silvano Aureoles Conejo                                            In memoriam

Raúl Alvarez Garín

Hoy se cumplen 46 años de los trágicos acontecimientos de la plaza de las tres culturas, cinco días después del fallecimiento de Raúl Alvarez Garín, uno de los líderes estudiantiles del movimiento, dirigente histórico y defensor de las libertades democráticas.

El movimiento estudiantil de 1968 es la expresión de un reclamo social. Esos jóvenes tenían como base de la demanda por un México con justicia social, un reclamo por la inequidad y la pobreza de millones de mexicanos. Es en esa juventud que salió a la calle y enfrentó el régimen autoritario, donde se muestra la lucha de las causas sociales.

Los estudiantes también soñaban con hacer realidad empleos con salarios bien remunerados y que sustentaran la movilidad social. La llamada a los trabajadores a unirse a la manifestación, a difundir y ampliar el movimiento más allá de las aulas y las demandas estudiantiles eran parte de la búsqueda de la liberación de la población y su involucramiento en la acción social.

Ellos buscaban cambiar su entorno. La realidad los enfrentó a la represión, pero la llama quedó encendida. La búsqueda de un México diferente, donde la pluralidad se expresara y se contarán los votos, comenzó a gestarse.

Una de las grandes lecciones del movimiento estudiantil de 1968 fue la presencia de sus dirigentes y la salida a la calle, a la manifestación. Dar la cara, aún en el silencio, salir al aire libre. Los líderes tuvieron nombre y apellido. Ese hacer pública la manifestación de las ideas, de las demandas, en un régimen autoritario, fue uno de los inicios de la apertura política. Ellos, esos jóvenes mexicanos fueron los que mostraron el camino a los que siguieron en la lucha por construir un régimen democrático.

En el PRD hemos respaldo esta vía y desde, nuestra  convicción socialdemócrata, participamos en la construcción de ese México justo e igualitario que ellos imaginaban.

Este  movimiento estudiantil es un parteaguas que nos permite pensar en los aspectos de justicia, libertad e igualdad para ver hacia adelante, considerar que diferentes de expresión pueden contribuir a la consolidación de  nuestro régimen democrático.

El espíritu de participación de hace más de cuatro décadas ha trascendido hasta nuestros días. Dejó huella en una generación de jóvenes líderes y marcó al conjunto de la sociedad mexicana. Su herencia es de gran valor para la historia pero aún más para el futuro de México. Contamos con líderes que pugna por una necesidad de cambio y que recrean el legado de lucha que animan a los movimientos sociales de este país.

El régimen político ha cambiado, hemos avanzado significativamente en la ruta de nuestra democracia; sin embargo todavía falta camino por recorrer para lograr una democracia plena.

Ahora los valores y reglas de la democracia deben de quedarse para siempre en nuestra sociedad y cultura. A aquellos que formaron parte del movimiento, les debemos un permanente homenaje, desde todas las expresiones políticas y partidarias del país. Homenaje que se debe concretizar en la construcción, en nuestra democracia, de un México justo, una sociedad igualitaria, donde la pobreza se erradique. Siempre, en el respeto a la libertad de ser y opinar diferente.

En este 46 aniversario del 2 de octubre de 1968, juntos, los mexicanos, debemos recordar el valor y el coraje que tuvieron esos jóvenes que nos heredaron la consciencia de que la Patria podía cambiar.