SAMUEL MALDONADO B.

MORELIA, CD. PELIGROSA

Por asuntos profesionales, llegué a esta hermosa ciudad de Morelia en los primeros  días del año de 1981.  Me encontré con una localidad verdaderamente de lujo,  hermosa, comparada con la tranquila capital, en la que había estudiado los primeros años de la educación primaria.

Era prácticamente un vecindario realmente fraterno; una ciudad que no pasaba de los 700 mil habitantes que ambulaban por sus barrios, calles y no se diga por el hermoso Centro Histórico. Una capital, que era y es todavía, orgullo para todos los nacidos aquí o los que llegaron huyendo de la gran capital  de la República Mexicana debido a los sismos ocasionados en la ciudad de México, en el año de 1985, centro de los tres poderes: El Ejecutivo, El Legislativo y El poder Judicial.

Caminar por los tranquilos barrios morelianos, merodear por los mercados, recrearse con las imágenes de los hermosos templos católicos, pasear por Villalongín, deambular por la calzada “única de cantera rosa”, descansar en sus bancadas del mismo material,   popularmente llamada Calzada de San Diego. Adentrarse en esa Iglesia en honor a La virgen Guadalupana, o bien, regresar por la misma y llegar hasta la Catedral, adentrarse en ésta en las horas de trabajo de la comunidad citadina, sentarse en una  de sus bancas para admirar cuadros de santos, observar el “Manifestador”, que es una obra construida de oro y plata de tres metros de altura,  localizado enfrente del Consistorio,  situado bajo la cúpula principal, llena de paz y de tranquilidad a cualquiera que desde la hilera de bancas se ponga admirar todo el interior de esta hermosa construcción realizada en los finales años del siglo XVII.

Desafortunadamente, este escenario descrito brevemente es el pasado. Morelia en el presente es una ciudad descuidada por las autoridades, manchada sus calles por la sangre de muchos que han sido asaltados y muertos en sus avenidas. Ni siquiera en calles o jardines localizados en rúas   tranquilas se está exento de ser asaltado.

En lo particular, Morelia Capital y el Estado en lo general, ya no existe la tranquilidad: disparos constantes en las noches, la venta de alcohol en cantinuchas o en restaurantes de lujo, se suceden asaltos frente a los bancos y durante el día; en las noches con frecuencia se escuchan los disparos a toda hora.

Si uno no tiene “cochera” y deja su automóvil en la calle, a cualquier hora del día y o la noche, le darán un cristalazo,  o de plano, se lo llevan y lo deshuesan.

Prácticamene hasta los años de 1980, el país estaba tranquilo, pero llegado el inútil de Jelipe, éste quiso legitimarse y para demostrar su poderío militar, vinieron los soldados y con un resultado totalmente a su propósito, quiso acabar con las abejas y lo único que logró, fue espantarlas y desde entonces, el país ha cambiado para mal.

¿Cuántos soldados y policías han  muertos por la aplicación de esa fallida y estúpida determinación del hijo desobediente? Cuánto se ha gastado en la compre de utilería y equipamiento militar tanto para la marina  como la del ejército y, desde luego, para los sicarios? Sobre todo, ¿cuantos soldados y contrabandistas han muerto en esta equivoca determinación presidencial?.

Son muchas, son miles de familias que han quedado en el  olvido, ocasionado por los muertos de un lado y del otro?,¿por qué continuar con esta fallida determinación en contra del cultivo de opiáceos y compra constante de armamento tanto de los sicarios como la del gobierno,  que provocan más  y más muertos, robos, y gastos inútiles de uno y de otro lado?

¿Cuando parara toda esta estupidez que lleva ya varios sexenios?

¡Nuestra única esperanza esta cifrada  en el próximo gobierno de la República?